sábado, 8 de mayo de 2010

Mi confrontación con la docencia

La historia de mi actividad laboral inicia años atrás, cuando no pasaba por mi mente dedicarme a dar clases. Salí del bachillerato a la edad de 18 años y entre al IPN Zacatenco, en el área de control y automatización. Después de tres meses desistí y dure un año sin estudiar. En ese lapso de inactividad decidí entrar a estudiar nuevamente, e inicie mis tramites para ingresar a la Universidad Autónoma del Estado de México. Elegí la carrera de Ingeniero Agrónomo en Producción, y para se honesto solo entre para no dejar de estudiar "algo", pero no muy convencido de que esa fuera mi vocación.
Con las dificultades consecuentes de adaptarme a una nueva área de estudio; ya que en la secundaria lleve la tecnología de electrónica y en el bachillerato la de electricidad. Para empezar el examen de ingreso a la universidad fue algo diferente de lo que venia estudiando, era un examen enfocado casi al 100% en biología y química.
Fueron cinco años de estudio. Algunas materias como entomología me parecían tediosas y otras como estadística aplicada, eran más interesantes pero complicadas. Es de esperarse que mi promedio no fue excelente, pero tampoco fue un fiasco.
Al salir de la universidad, llevo en mente encontrar un trabajo en SEDAGRO o en SAGARPA, lugares donde encontré que ya no había espacios disponibles. Zumpango es una zona donde la gente de generaciones atrás se dedicaba al campo, ahora los que han heredado esas tierras no les interesa cultivarlas y terminan vendiéndolas para la construcción de fraccionamientos. Por lo tanto la actividad de agrónomo ya esta muy ilimitada  a unos cuantos. No quise emigrar hacia otros estados e inicie la búsqueda de otro tipo de trabajos.
Busque en empresas que nada tenían que ver con la agronomía y lógicamente no me contrataron. Empecé a visitar supervisiones escolares, pero me pedían el titulo. Queriendo o no empecé la elaboración de la tesis y me titule. Encontré una oportunidad en una escuela particular, pero fue frustrante porque perdía el control completo sobre los alumnos; y eran grupos pequeños de máximo 10 alumnos. Renuncie decepcionado pensando que ese no era mi oficio.
Seguí en mi búsqueda de empleo y conseguí otra oportunidad para dar clases ahora en un bachillerato tecnológico. A prueba y error, enfrente esta nueva experiencia con grupos de 40 o 50 alumnos. Por difícil que me pareciera pensaba que ya tenia un ingreso.
Lo de ser "profesor" en ese momento solo era una etiqueta. Sin embargo veo mi vida en retrospectiva y después de estos años me siento satisfecho de haber decidido seguir este camino. Encuentro satisfacción al ver que hay jóvenes entusiastas motivados por la idea de lograr una vida un poco más desahogada y sin tantas presiones que aquellos que decidieron por ya no estudiar. Es cundo vale la pena el esfuerzo de dedicar tantas horas de mi tiempo a preparar clases.
El día de hoy es una gran oportunidad, el poder participar en la formación de las nuevas generaciones de jóvenes adolescentes. Aunque cuando aparece la otra parte de aquellos que no les interesa en lo más mínimo estudiar y que van más bien obligados a la escuela, es frustrante cualquier intento que se hace para que concienticen la importancia de tener una formación académica. Y no me satisface, porque no solo no les interesa el estudio sino que se dedican a distraer a los demás.

1 comentario:

  1. Maestro Santiago:

    Primeramente agradezco me haya enviado por correo el contenido de esta entrada; las experiencias por las cuales paso para estar como docente, bien valieron la pena, ya que la satisfacción que percibo en algunos comentarios suyos son motivadores para seguir adelante con esta aventura llamada docencia.
    Creo que habemos un bue porcentaje de docentes que llegamos de manera accidentada a serlo, algunos se esfuerzan por mejorar cada día esta profesión y nuestro quehacer frente a los alumnos, y cierto estoy que usted junto con todos nuestros compañeros de grupo somos de este tipo de docentes.

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