En mi caso, antes de dar clases pensaba que era cosa fácil, pero cuando me vi frente a un grupo de alumnos, todos mirándome con atención, fue ahí donde pensé: ¿A dónde me vine a meter? Para mí la disciplina dentro de los grupos ha llegado a ser mi talón de Aquiles, porque me ha generado diversas dificultades. Pero siempre será gratificante enfrentar los retos de la vida laboral y superarlos.
Es necesario como profesionistas formarnos una identidad docente. Si nos atrapamos en la rutina, en la dejadez y la apatía, nuestro trabajo puede convertirse en un tedio del cual no veremos la salida.
Para los que no tenemos una preparación normalista siempre es enriquecedor el intercambio de experiencias, pero no es fácil que un profesor con experiencia comparta sus conocimientos de cómo imparte sus clases y de las estrategias que le han dado resultados para tratar con sus estudiantes. Es complicado dejar el egoísmo a un lado. Pero no hay que olvidar que las cosas giran en torno al alumno y es lo más importante. Sin alumnos no hay maestros.
Algunas instituciones de educación superior se enfocan en generar profesionistas eficientes que respondan ante los problemas de su actividad laboral, pero en el aspecto de relaciones humanas es otra historia, ya que brindan pocas herramientas para enfrentar la interacción con las demás personas. Aun como profesor tiendo una barrera que me separe de los estudiantes. Es como una barrera protectora que me libera del contacto humano; ustedes en su papel y yo en el mío.
Como maestro en ocasiones existe más preocupación por terminar los programas de la asignatura, que en que el alumno haya adquirido alguna competencia. Y se me olvida la necesidad que tienen los jóvenes de aprender a generar soluciones ante los problemas de la vida y que sus estudios les brinden un poco o varias de las herramientas para poder lograr una vida mejor.
En fin, lo de ser maestro es toda una aventura, donde podemos ayudar a los demás o simplemente ponerles el pie.
Hola maestro Santiago, me sorprende gratamente lo parecido de nuestras primeras experiencias como docente, al igual que usted, pensaba que la docencia era algo bastante fácil|, sin embargo, ya estando frente al grupo me sentí desorientado y por que no decirlo intimidado por los alumnos; con el tiempo se empieza a dominar al grupo, a estructurar las clases de manera organizada y aprender a utilizar las herramientas académicas que nos proporcionan las instituciones como son: la dosificación de la materia, los manuales, entre otros. Al igual que usted parte de mi talón de Áquiles es la disciplina, he aprendido pues también a controlarla por medio de algunas técnicas o en definitiva por medio de acciones condicionantes. Gracias por invitarme a ver tu blog.
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